Thursday, February 23, 2012

Maracaibo marginada.



Maracaibo es irrefutablemente una de las ciudades de mayor importancia de Venezuela. Sin importar la óptica bajo la cual se mida su importancia – ya sea por su gran influencia económica en el occidente venezolano, por ser la capital del diversamente rico estado Zulia, o por ser centro de concurrencia de un masivo número de electores-; nuestra ciudad es claramente indispensable para el desarrollo, estabilidad y porvenir nacional. Sin embargo, su situación fáctica no refleja la significancia que la reviste. Para el ojo de un individuo ajeno a nuestros problemas, la apariencia actual de Maracaibo le daría a entender que ésta no es más que la típica ciudad caótica de las naciones subdesarrolladas. Desafortunadamente, el acontecer sociopolítico y el devenir histórico han generado precisamente eso, una ciudad caótica dentro de una nación subdesarrollada.

Es increíble y a la vez frustrante ver como Maracaibo se derrumba sobre quienes la habitamos. Esos habitantes, por cierto, somos cada vez más, contándonos ya por millones; quedando así Maracaibo como una metrópolis donde su masa poblacional no se corresponde con los recursos y servicios existentes (o carentes, para ser más acertado). De la infinidad de problemáticas que azotan actualmente, podemos destacar varias que figuran por su especial acentuamiento, y aún así pecaremos de superficiales por tratarlas tan someramente.

Así pues, primeramente hay que traer a colación el tema de los servicios públicos, los cuales son prestados discontinuamente, irregularmente, y sin calidad; esto se evidencia especialmente en el servicio de agua potable, el cual es usualmente interrumpido y proporciona agua arenosa. De igual manera, el transporte público es especialmente mediocre y desorganizado, estando constituido por un sistema de autobuses precario, donde los conductores irrespetan las paradas asignadas, además de maltratar y personalizar las unidades que conducen; y por el peculiar fenómeno de los “carritos por puesto”, que toma las máximas de mediocridad operantes para los autobuses y las adapta a automóviles de menor tamaño y vieja data, que se encuentran reducidos a chatarra ambulante.

Por otra parte, no existe planificación urbana alguna, las vías peatonales y de tránsito automotor se encuentran en condiciones deplorables y con un sistema de señalización muy pobre, caracterizado por sus adornos y alegorías políticas; además, las plazas y parques citadinos pueden contarse con los dedos de las manos, y aquellos existentes lucen especialmente olvidados y estéticamente pobres.

Asimismo, la inseguridad rampante se ha constituido como el problema más preocupante, ya que amenaza continuamente la integridad y bienestar del ciudadano. Para el mayor de los colmos, parece ya formar parte de la cotidianidad, la vemos como algo que hay que soportar y a lo que debemos adaptarnos, y no como el cáncer social que realmente es, que debe combatirse y erradicarse a toda costa.

La pregunta que debemos hacernos con respecto a toda esta situación descrita es, ¿por qué se encuentra en estas condiciones nuestra Maracaibo? Parece una respuesta difícil, pero no lo es tanto; basta decir que se encuentra en estas condiciones por la suma de varios factores:

Tenemos por una parte la inoperancia y pasividad del Poder Ejecutivo Municipal, entiéndase por tal, la Alcaldía. Los gobiernos que han llevado las riendas de este órgano desde hace décadas se caracterizan por ser sumamente corruptos, nepotistas y tener como prioridad la politiquería y la perpetua propaganda electoral, dejando a un lado sus reales funciones de administración. La policía local es ineficiente, los distintos institutos autónomos municipales no hacen nada. A todo ello se encuentra aunada la asfixia que ejerce el gobierno nacional sobre la Alcaldía, que por la diferente identidad política de los gobernantes locales, impide que los  recursos económicos lleguen en su totalidad a las arcas municipales.

Por otro lado, el otro factor decisivo que ha llevado a Maracaibo al declive es la propia mentalidad de sus habitantes; la indiferencia ante los problemas reina entre los maracaiberos, esos dichos: “que los demás lo resuelvan”, “que la Alcaldía vea como hace”, nos tienen en este estado. Más bien parece ser que los problemas son cultivados y promovidos desde la colectividad con esa actitud indiferente y con el irrespeto a la ley; que los ciudadanos quebranten las normas de Derecho, que están para procurar nuestra correcta convivencia, es el mayor obstáculo para el progreso.

Así las cosas en nuestra ciudad, pareciera que tenemos un muy oscuro panorama y un futuro negativo. Sin embargo, considero que este pronóstico tan pesimista es reversible. Las cosas no tienen por qué ser así, el presente y el futuro de nuestra ciudad pueden ser brillantes si nos lo proponemos. Todo está en nuestras manos; de nosotros los maracuchos, marabinos o maracaiberos depende el destino de nuestro hogar. Si cada habitante toma conciencia de sus acciones; si comenzamos a respetar las normas y a exigir a nuestros conciudadanos que de igual forma las respeten, dejando atrás la indiferencia; si ejercemos el derecho de sufragio responsablemente y elegimos representantes dignos y preparados para ejercer el poder, aprendiendo a desechar los gobiernos mediocres que hemos tenido; sólo así podremos escapar de ser la “Maracaibo marginada y sin un real” que con su potente voz auguraba el monumental Ricardo Aguirre en su canción, y sólo así seremos capaces de rescatar nuestra ciudad, llevarla por la senda del progreso, y erigirla en pujante e imponente metrópolis.

José Alberto Vargas La Roche.

“Tierra inmolada Maracaibo señorial, aún deberás continuar sacrificada, Maracaibo tierra mía idolatrada y olvidada por ser leal, Maracaibo marginada y sin un real, ¿qué más te puede pasar que ya no te haya pasado?”.  

Fragmento de la canción Maracaibo Marginada, de Ricardo Aguirre.

1 comment:

  1. Que puedo agregar a lo dicho?....una gran tristeza al reconocer lo cierto de tus palabras, y alegría al ver que personas como tu, jóvenes y con una gran pasión por su ciudad se atreven a poner en blanco y negro sus opiniones, que espero muchos compartan, para llegar a ver un día no muy lejano, el comienzo del cambio.

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