Saturday, September 29, 2012

Votá.


Nuestra Constitución Nacional en su artículo 63 reconoce al sufragio en los siguientes términos: El sufragio es un derecho. Se ejercerá mediante votaciones libres, universales, directas y secretas (…)”. Es un derecho humano, uno de carácter político, que ha venido optimizándose a medida que las diversas Cartas Magnas que han regido a nuestro país lo reforman; pero más allá de eso, el sufragio está revestido de especial importancia y significación. Mediante éste, cada ciudadano de la República se hace partícipe de la dirección del Estado o de los “asuntos públicos” en palabras de la Constitución. A pesar de no ser una forma directa e inmediata de participación en la gestión del país, ya que al fin y al cabo son los representantes que el pueblo elige, y no el pueblo mismo, quienes llevan las riendas del gobierno; sí que implica una demostración ciudadana, un mensaje de la ciudadanía para hacer recordar que a pesar de todo, es ésta la que detenta el poder último: la soberanía, y que por tanto tiene la potestad de colocar al mando del país a quienes su voluntad indique; aunque muchas veces esa escogencia termine siendo un grave error.

Sin embargo, el sufragio -y por ende votar- no son obligatorios. Es, como dije, un derecho, una facultad del ciudadano reconocida por las normas constitucionales y legales, pero no un deber. Anteriormente, bajo la vigencia de la Constitución de 1961, ejercer el voto sí que era imperativo; ésta, en su artículo 110 claramente indicaba que “(…) Su ejercicio será obligatorio, dentro de los límites y condiciones que establezca la ley”. Por el contrario, la actual Constitución reconoce la esencia liberal del sufragio como derecho individual, como prerrogativa que es, haciendo que prime la libre voluntad de cada elector para ejercer o no el voto, por lo que suprime de sus disposiciones el carácter obligatorio que tenía (nótese que en el artículo 63 constitucional no se consagra como deber). Esto lo reafirma la vigente Ley Orgánica de Procesos Electorales, al contemplar en su artículo 126 que “Ninguna persona puede ser obligada o coaccionada bajo ningún pretexto en el ejercicio de su derecho al sufragio”. En este sentido, la abstención electoral se convierte en una forma pasiva de manifestarse en el sistema democrático, permitida por nuestro ordenamiento jurídico, y perfectamente aceptable cuando es usada como forma de censura a las opciones electorales mediocres que en ocasiones se presentan.

Si la abstención no es un delito ni un pecado, ¿por qué el título de este post es un llamado a votar? Porque esta elección presidencial que en escasos días se celebrará no es algo intrascendente, no se trata de escoger un cargo público de menor peso, no se trata de una situación en la que la alternancia en el poder esté a salvo. En estos comicios que se avecinan no es válido decir “ningún candidato me parece bueno”, o “no confío en los políticos venezolanos y en sus partidos”, ni mucho menos la infame e imbécil aseveración “a mí no me gusta la política”. Te guste o no la política, ella forma parte de tu vida, de todo lo que haces, de todos los aspectos del acontecer nacional; así no te agraden estos candidatos presidenciales o no confíes en los partidos, vota, porque no lo haces como un favor a ellos, sino en beneficio de tu país y en procura de un mejor futuro para ti y para todos los venezolanos.

A pesar de las imperfecciones de un sistema de sufragio universal, en el que las masas pueden llegar a condenarse a sí mismas colocando en el poder a candidatos ineptos, hechizadas por sus discursos populistas y demagogos –como hicieron en los años 1998, 2000 y 2006-, y a pesar de que la abstención bajo ciertas circunstancias sea una opción válida; votar con consciencia y reflexivamente es la decisión, la herramienta, el arma más importante que tiene la colectividad nacional para impulsar al país hacia el desarrollo y el progreso.

Ahora bien, tengo la necesidad moral de invitarte no sólo a votar, sino también a que votes por Henrique Capriles Radonski, quien representa la única opción sensata y preparada para ocupar el cargo más importante del Ejecutivo Nacional: la Presidencia de la República, tan degradada en estos últimos 14 años. No compres las mentiras que venden algunos sectores de la vida política, no caigas en las trampas de la guerra sucia y el oficialismo inescrupuloso; Capriles no viene a implantar un régimen neoliberal y despiadado, ni a traer de vuelta el bipartidismo obsoleto, ni a arremeter contras las clases bajas.

Por el contrario, de la victoria del candidato opositor dependen tus aspiraciones, metas, y todo lo que quieras alcanzar en Venezuela, seas de “izquierda”, de “derecha” o de cualquier otra tendencia política y económica. No porque Capriles sea perfecto, porque no lo es; ni porque vaya a resolver todos los problemas de Venezuela y convertirla en una potencia, porque no lo hará, ya que esa tarea es imposible para un solo período presidencial tras tanto tiempo de destrucción; sino porque es la única posibilidad democrática y pacífica que tenemos de salir de este gobierno decadente, corrupto, autoritario y violento; de sanar las heridas de la horrible polarización y odio entre clases sociales que Chávez ha alimentado; de detener el avance de este cáncer que el chavismo ha representado para el país, y recuperar de una vez por todas a nuestra Nación del pozo en el que está. Si dejamos que gane el candidato a la reelección, pueden dar por sentado el desate de una dictadura férrea y el fin del Estado de Derecho, la democracia, y cualquier posibilidad de mejoría.

Sinceramente espero que estas palabras ayuden a fortalecer en sus convicciones a los que quieren progreso, a recapacitar (¿por qué no?) a los cegados por el odio y el resentimiento, y sobre todo, a convencer a quienes dudaban votar o no estaban seguros de por quién hacerlo. Ante todo, quiero paz para Venezuela.

Votá por tu familia, por tus amigos, por ti mismo, ¡Votá por Capriles Radonski!

José Alberto Vargas La Roche.




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