Friday, December 20, 2013

10 razones por las que nos conviene convocar una Asamblea Nacional Constituyente.

Quiero compartir algunas razones que para mí, describen adecuadamente la urgencia de convocar una Asamblea Nacional Constituyente en Venezuela:

1. Nos permitiría renovar la titularidad de los distintos entes y órganos que conforman el Poder Público. 
Si bien este no es el objetivo principal de una Constituyente, su razón de ser, sí que es la máxima causa por la que hoy requerimos su convocatoria, por lo que la coloco antes que aquella en esta lista. Una vez la Asamblea produzca una nueva Constitución, si el pueblo la aprueba, entraría ésta en vigencia, y, como se consideraría al Estado refundado, se haría necesario realizar elecciones generales para escoger a los nuevos titulares de los entes y órganos de elección popular que conforman el Poder Público Nacional, Estadal y Municipal, en todas sus divisiones horizontales.

2. Es la única vía (pseudo)democrática que nos queda. 
No podemos esperar hasta 2019 para elegir un nuevo Presidente, ni hasta 2016 para poder realizar un referendo revocatorio al mandato de Maduro, y ni siquiera esperar hasta 2015 para intentar obtener mayoría en la Asamblea Nacional; el deterioro del país y la acentuación de la dictadura están demasiado acelerados como para darnos ese lujo. La Constituyente es nuestra última esperanza en este régimen de apariencias democráticas pero realidades opresoras, cualquier otra forma de salida se daría al margen de lo constitucional y legal, y probablemente con el uso de la violencia.

3. Nos daría una nueva oportunidad y esperanza para reconstruir el país. 
Como consecuencia de la primera razón enunciada en este listado, y como ya les comenté en mi publicación anterior, nos permitiría terminar el periodo histórico de ruina que vivimos y abrirle paso a una nueva era de esperanza, libertad y progreso.

4. Estado de Derecho y democracia por dictadura. 
Si logramos colocar en el poder como representantes del pueblo a personas de verdadera convicción democrática, Venezuela podría regresar a dicha senda, ya no sólo en el papel, sino también en la práctica. Al tener un Poder Ejecutivo de valores republicanos, las demás ramas del Poder Público Nacional recuperarían su autonomía, ya no serían cautivas de aquel, y nuestra patria sería por fin un Estado de Derecho efectivo.

5. Por fin adiós al comunismo y a la dominación extranjera. 
A pesar de que odio el por algunos sectores sobreempleado término "castrocomunismo", hay dos verdades rotundas: Venezuela sí va rumbo al comunismo, con legislaciones que imponen cada vez más controles a la economía, con mayores restricciones a las libertades individuales y al derecho de propiedad, con el otorgamiento de demasiadas atribuciones al llamado Poder Popular, y con ya descaradas referencias al cambio de modelo propulsado desde el Ejecutivo Nacional en instrumentos jurídicos -inconstitucionales- como el Plan de la Patria; y la injerencia del gobierno cubano en los asuntos internos de Venezuela se torna más y más preocupante, con cubanos contados entre los "asesores" del Ejecutivo Nacional, con personas de esta nacionalidad dictando las directrices de nuestros servicios de identificación, registros y notarías, así como de las Fuerzas Armadas Nacionales, y con la depravada admiración a la doctrina y gobierno de los Castro. La renovación de los cargos de elección popular que implica la eventual aprobación de una nueva Constitución podría finalmente significar que los nuevos representantes del pueblo se alejen de este nefasto sistema y que purifiquen la soberanía de nuestro país de parásitos oportunistas.

6. Podríamos tener una mejor Constitución, sin los defectos de la actual. 
A pesar de que la Constitución vigente fue defraudada y pisoteada por su principal promotor, Hugo Chávez, ésta en el papel es de bastante calidad normativa, centrando sus disposiciones en la protección de la persona humana y en el reconocimiento de sus derechos -es, por tanto, antropocéntrica-. No obstante, es perfectible, adoleciendo de diversos defectos en su contenido y en su redacción. La eventual nueva Constitución podría incluir cambios como la necesaria limitación de la posibilidad de reelección; la disminución de la duración del período presidencial; la eliminación de la contradicción descentralización-federalismo que la actual contempla, favoreciendo la implantación de un sistema federalista que permita el desarrollo autónomo de los Estados que conforman la Federación; la atenuación del exacerbado presidencialismo con la transferencia de algunas competencias presidenciales a otros órganos, y con la eliminación, por ejemplo, de la figura de las leyes habilitantes y de la posibilidad de disolución del parlamento con que cuenta el Presidente; entre otros cambios y novedades. También podría incluir cambios en la redacción, con el uso de una mejor técnica legislativa que elimine nombres rebuscados y el terrible desdoblamiento de género que ha colocado a nuestra actual norma máxima como un ejemplo del mal uso de la gramática castellana.

7. Su convocatoria no es tan difícil. 
La ciudadanía, como titular del poder constituyente originario (entiéndase la soberanía), tiene la legitimación activa para convocar la Asamblea Nacional Constituyente. Así pues, la iniciativa de convocatoria puede ser tomada, como dispone el artículo 348 de la Constitución de 1999, por un quince por ciento (15%) de los electores inscritos en el registro electoral, que para el 2013 son (según el portal digital eleccionesvenezuela.com) 18.952.292, siendo 2.842.843,8 el 15% de ese total, lo que convierte a la convocatoria a la Constituyente por iniciativa ciudadana en algo totalmente factible, dada la dimensión de la capacidad de movilización de la Mesa de la Unidad Democrática y demás sectores opuestos al gobierno.

8. Maduro tendría que aceptar la nueva Constitución. 
Si efectivamente logramos aprobar una nueva Carta Magna, que contraríe los valores e ideología del chavismo, Maduro, Cabello y sus secuaces estarían obligados a reconocerla y acatarla (como dispone el encabezamiento del artículo 349 constitucional), así como a convocar nuevas elecciones generales, y si el pueblo lo dispone, a entregar sus cargos.

9. Ninguno de los Poderes Constituidos puede impedir las decisiones del Poder Constituyente derivado. 
¿Qué quiere decir esto? Que ni Maduro, ni Diosdado, ni Luisa Ortega, ni Gladys Gutiérrez, ni Tibisay, ni nadie, pueden objetar las decisiones de la Asamblea Nacional Constituyente u obstruir su actuación y sus sesiones (como expresa el primer aparte del artículo 349 de la vigente norma máxima).

10. El famoso artículo 350. 
Esta conocidísima norma -por unos grafitis que abundan en muchas calles- dispone que la única limitación al actuar de la Asamblea Nacional Constituyente es, además del respeto a la Constitución del '99 mientras esta mantenga su vigencia, la tradición republicana de Venezuela, su lucha por la independencia, la paz y la libertad, los valores, principios y garantías democráticos y los derechos humanos, dándosele al pueblo la autoridad para desconocer regímenes, legislaciones y autoridades que contraríen estas limitaciones. En resumen, la Asamblea Nacional Constituyente no se puede poner con loqueras o el pueblo puede desconocer lo que de ella surja.

Como colofón a esta lista, quiero hacer un llamado a todo aquel que me lea, a que en el caso de que la oposición organizada decida acoger la propuesta surgida desde varios sectores de la sociedad y la dirigencia política de convocar una Asamblea Nacional Constituyente, se active para participar en todo ese proceso.

Firma la convocatoria,  ayuda a recoger firmas y vota en los comicios para elegir a los diputados constituyentes, lo cual es de especial trascendencia, porque de tener mayoría en ese Congreso dependen nuestras esperanzas de tener una Constitución distinta. Y si el resultado de la Asamblea es el adecuado, vota para aprobar la nueva Carta Magna para que al final podamos tener elecciones generales que nos permitan sacar de una vez por todas a este régimen del poder. Sé qué serían muchas elecciones, pero es necesario, es la única vía institucional y en la que podemos participar con facilidad. Por nuestro esfuerzo pasa todo chance de ganar.

José Alberto Vargas La Roche.

El sexto gran período.

Llevo algún tiempo escribiendo en este blog sobre la conveniencia de convocar una Asamblea Nacional Constituyente ante la actual situación de crisis política y económica que sufre nuestro país, que no es coyuntural, sino que es el resultado de un proceso de transformación de la democracia en dictadura, de inestabilidad institucional, de degradación moral y de erosión de la economía, impulsado por el gobierno chavista desde su instalación en el poder, mediante la paulatina toma y control de todas las ramas del Poder Público, su perpetuo tono de agresiva confrontación y enemistad social, y sus ataques al sector privado, que han aniquilado la capacidad productiva nacional. Creo que estamos presenciando el fin de un período de nuestra historia, el sistema que los chavistas se han encargado de construir en quince años enfrenta su inminente desmoronamiento, y es que construyeron un monstruo que está sobrecargado de poder y que caerá por su propio peso. Y no implosionará precisamente, este Leviatán explotará sobre todos nosotros, por lo que somos nosotros -quienes sufriremos sus consecuencias- quienes debemos pararlo antes de que haga más daño. 

El reconocido jurista Allan Brewer-Carías delimitó 4 grandes períodos en la historia política venezolana: el del Estado Independiente y Autónomo (1811-1863), el del Estado Federal (1864-1901), el del Estado Centralizado autocrático (1901-1945), y el del Estado Democrático Centralizado de Partidos (1945-1999), todos los cuales iniciaron con Congresos Constituyentes encargados de redactar nuevas Cartas Magnas, entraron en crisis, y -con excepción del último-, terminaron con hechos de violencia armada (Brewer-Carías, Allan R.: Poder Constituyente Originario y Asamblea Nacional Constituyente, 1999. Editorial Jurídica Venezolana, Caracas. Pp. 15,16,17). Ese último período tuvo un final inédito, y es que fue una elección democrática, y no una guerra, revolución armada o Golpe de Estado la que le dio la estocada fatal (a pesar de que el ganador de dichas elecciones lo había previamente querido terminar a la antigua, es decir, intentando un golpe).

Viendo que tocaba la reestructuración del sistema, Brewer tuvo las esperanzas de que por fin se instituyera en Venezuela el Estado Democrático Descentralizado y Participativo que tanto hacía falta. Pero como todos sabemos, ese no fue el caso. En su lugar, y a pesar de que la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela la consagró como un Estado Democrático y Social de Derecho y de Justicia, que además sería "federal y descentralizado" (en otra ocasión explicaré estas comillas), el quinto gran período de la historia política patria terminó lamentablemente siendo una regresión al viejo Estado Centralizado autocrático, con la añadidura de que el sistema político-económico predilecto del gobierno es el socialismo.

Es a esa quinta gran era de la historia venezolana, la de los chavistas, una de las más infames, a la que le está llegando la hora de expirar. Entró en crisis con la muerte de su gran y único líder, el tirano Chávez, y nosotros, todos los ciudadanos venezolanos, tenemos el poder, la capacidad, y la soberanía para por fin terminarla y darle génesis al sexto -y esperemos que duradero, estable y fructífero- período de Venezuela, uno que debería ser, bajo mi óptica, de un Estado Federal Democrático.


José Alberto Vargas La Roche.

Tuesday, December 10, 2013

Manifiesto de un elector decepcionado.

Como manifesté en mi publicación anterior, no voté en las elecciones municipales del pasado domingo. Desde ya les pido a los “MUDistas” alienados que se ahorren sus críticas, porque a fin de cuentas, su ilustre y eminentísima candidata fue reelecta como burgomaestre de nuestro triste Municipio, y podrá seguir manteniendo el legado de corrupción dejado por su marido y estampando su operada cara por toda la ciudad. A los chavistas también les pido que eviten quejarse de mi abstención, ya que al fin y al cabo mi voto no es uno de los que pudieron haber conseguido para obtener la victoria, precisamente porque mi voto, si hubiera sufragado, no habría sido para el candidato de ustedes. Nunca.

Mi abstención y la de tantos no debe entenderse como desinterés con respecto a la crisis generalizada que vive el país (aunque la de algunas personas sí sea sólo eso), sino por el contrario, una forma de participación política, mediante la decisión voluntaria de no darle uso a mi derecho al sufragio, tan válida como ir a votar. Con ella, expreso mi disconformidad con las opciones electorales presentadas, mi repudio a la gestión que finaliza y mi oposición a la gestión que empieza. No pretendo ser partícipe en la continuada marginalización y desmoronamiento de Maracaibo al darle legitimidad con el voto a esta mediocre Alcaldesa, tal como no lo fui en 2010 cuando también me abstuve de votar por esta señora. Todos los que votaron por la susodicha, sépanse culpables de la destrucción de Maracaibo en calidad de cómplices. Los que votaron por la otra opción principal, no me queda más que decirles que su falta de dignidad propia o de educación, según sea el caso, me indignan. Ante la particular situación de nuestro Municipio, la solución idónea era abstenerse, y que ganase quien ganase, su administración se viera empañada y puesta bajo la lupa desde el arranque por estar sostenida sobre los débiles cimientos que da la falta de legitimidad y apoyo popular.

Entonces, que nadie me venga a decir “si no votaste no te quejes” o “el que calla otorga” y demás paja que ya es hasta un cliché en los que creen que democracia es igual a sufragio, porque son ustedes los que con su tan sacramental voto colocan en el poder a gobernantes que me dan las razones para quejarme. Por culpa de ustedes hay razones para quejarse. Así que en todo caso, midiéndolos con la misma vara con la que me miden, quienes no deberían quejarse son ustedes, culpables de esto. Pero tranquilos, que yo no les voy a decir eso, porque la libertad de expresión da para todo, quéjense todo lo que quieran, así como yo me voy a quejar, porque me da la gana, y porque tenemos el derecho a ello (derecho que es humano y constitucional –artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos y artículo 57 de la Constitución-, cosa que parece ser desconocida por los letrados que mandan a callar), a pesar de que quienes, y me perdonan la expresión, la cagaron, fueron ustedes. No es por nada, pero la falta de consciencia ciudadana, política, de razonamientos propios y el exceso de prepotencia en tantas personas, además de ser una de las grandes razones por las que el país está tan mal, hace que a esa gente provoque, y me vuelven a perdonar la expresión, zamparle un coñazo por esa jeta.

Dicho esto, prosigo a comentar brevemente los resultados de la estrategia que constituía la razón por la que supuestamente había que votar porque sí: la medición de fuerzas de los dos grandes bandos políticos del país. Formulado de otra manera: el plebiscito de Capriles y de Maduro. Tal estrategia, como “predije” en mi post inmediatamente anterior,  iba a ser tremendamente inútil (obviamente no lo predije, sino que bastaba con tener tres dedos de frente para darse cuenta, pero parece que la obsesión partidista de muchos les redujo el tamaño del lóbulo frontal de sus cerebros), como efectivamente lo fue, y lo único que la hacía plausible era que podía darle más solidez al liderazgo de Capriles, lo que no ocurrió.

¿Por qué fue inútil? Qué más puedo decir, sino que seguimos siendo gobernados por Maduro, la mayoría de los diputados de la Asamblea Nacional siguen siendo oficialistas, los Magistrados del Tribunal Supremo de Justicia siguen siendo los chavistas de siempre, los Rectores del Consejo Nacional Electoral siguen siendo adeptos al régimen, la Fiscal General de la República, Contralor, Defensor del Pueblo, Procurador, y en fin, todo aquel alto funcionario con poder de decisión y de cambiar la situación institucional nacional sigue siendo chavista. El Estado aún está secuestrado. Unos pocos Alcaldes opositores, y más aún, sin recursos, así sean de las grandes capitales estadales, no cambiarán nada.

Por otra parte, a medida que pasó el tiempo desde que hice mi última publicación donde justifiqué esta táctica del plebiscito o “termómetro político” y se acercaron las elecciones, y mientras más lo analizaba, me di cuenta que de plausible no tiene nada realmente, sino que sólo representaba el egoísmo de los líderes políticos, y sus ansias de potenciar sus partidos y alianzas, no de ayudar al pueblo en sus necesidades y a los Municipios en sus carencias. Hacer más líder a Capriles y afianzar sus aspiraciones personalistas o las de los dirigentes de Primero Justicia, Voluntad Popular, Un Nuevo Tiempo o el que sea, no son nuestro objetivo como ciudadanía. Nuestro objetivo es salir de este gobierno dictatorial, por cualquier vía, a toda costa. Si esa salida es con Capriles como Presidente, perfecto. Y si la vía hacia la libertad es otra, pues que así sea. No podemos seguir meramente alimentando la maquinaria partidista en todos los venideros comicios para satisfacer las necesidades políticas básicas de unos grupitos, ya que si meramente esperamos las elecciones parlamentarias de 2015, y las presidenciales de 2019 y así sucesivamente, a pesar de que la masa de votos opositores crezca exponencialmente, el chavismo nos seguirá subyugando hasta el dos mil siempre.  Esa es la verdad.

Mis últimas esperanzas democráticas, o pseudodemocráticas mejor dicho -dado que esa arcaica y hedionda forma de gobierno inventada por los pitigriegos ya no tiene cabida en la Patria de Bolívar y Chávez, piensa para sí mismo, y lamentablemente materializa, un señor de bigote- las deposito en la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente (figura consagrada y regulada por los artículos 347 al 350 de la Constitución vigente), única vía que nos queda antes de acudir a lo que se sale de las fronteras del Derecho, para salir del régimen actual. En el eventual caso de que ella aprobara la nueva Constitución que de su seno surgiría, todas las ramas del Poder Público habrían de renovarse, y podríamos, tal vez, ¿por qué no?, despertar de esta pesadilla.

José Alberto Vargas La Roche.