Tuesday, December 10, 2013

Manifiesto de un elector decepcionado.

Como manifesté en mi publicación anterior, no voté en las elecciones municipales del pasado domingo. Desde ya les pido a los “MUDistas” alienados que se ahorren sus críticas, porque a fin de cuentas, su ilustre y eminentísima candidata fue reelecta como burgomaestre de nuestro triste Municipio, y podrá seguir manteniendo el legado de corrupción dejado por su marido y estampando su operada cara por toda la ciudad. A los chavistas también les pido que eviten quejarse de mi abstención, ya que al fin y al cabo mi voto no es uno de los que pudieron haber conseguido para obtener la victoria, precisamente porque mi voto, si hubiera sufragado, no habría sido para el candidato de ustedes. Nunca.

Mi abstención y la de tantos no debe entenderse como desinterés con respecto a la crisis generalizada que vive el país (aunque la de algunas personas sí sea sólo eso), sino por el contrario, una forma de participación política, mediante la decisión voluntaria de no darle uso a mi derecho al sufragio, tan válida como ir a votar. Con ella, expreso mi disconformidad con las opciones electorales presentadas, mi repudio a la gestión que finaliza y mi oposición a la gestión que empieza. No pretendo ser partícipe en la continuada marginalización y desmoronamiento de Maracaibo al darle legitimidad con el voto a esta mediocre Alcaldesa, tal como no lo fui en 2010 cuando también me abstuve de votar por esta señora. Todos los que votaron por la susodicha, sépanse culpables de la destrucción de Maracaibo en calidad de cómplices. Los que votaron por la otra opción principal, no me queda más que decirles que su falta de dignidad propia o de educación, según sea el caso, me indignan. Ante la particular situación de nuestro Municipio, la solución idónea era abstenerse, y que ganase quien ganase, su administración se viera empañada y puesta bajo la lupa desde el arranque por estar sostenida sobre los débiles cimientos que da la falta de legitimidad y apoyo popular.

Entonces, que nadie me venga a decir “si no votaste no te quejes” o “el que calla otorga” y demás paja que ya es hasta un cliché en los que creen que democracia es igual a sufragio, porque son ustedes los que con su tan sacramental voto colocan en el poder a gobernantes que me dan las razones para quejarme. Por culpa de ustedes hay razones para quejarse. Así que en todo caso, midiéndolos con la misma vara con la que me miden, quienes no deberían quejarse son ustedes, culpables de esto. Pero tranquilos, que yo no les voy a decir eso, porque la libertad de expresión da para todo, quéjense todo lo que quieran, así como yo me voy a quejar, porque me da la gana, y porque tenemos el derecho a ello (derecho que es humano y constitucional –artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos y artículo 57 de la Constitución-, cosa que parece ser desconocida por los letrados que mandan a callar), a pesar de que quienes, y me perdonan la expresión, la cagaron, fueron ustedes. No es por nada, pero la falta de consciencia ciudadana, política, de razonamientos propios y el exceso de prepotencia en tantas personas, además de ser una de las grandes razones por las que el país está tan mal, hace que a esa gente provoque, y me vuelven a perdonar la expresión, zamparle un coñazo por esa jeta.

Dicho esto, prosigo a comentar brevemente los resultados de la estrategia que constituía la razón por la que supuestamente había que votar porque sí: la medición de fuerzas de los dos grandes bandos políticos del país. Formulado de otra manera: el plebiscito de Capriles y de Maduro. Tal estrategia, como “predije” en mi post inmediatamente anterior,  iba a ser tremendamente inútil (obviamente no lo predije, sino que bastaba con tener tres dedos de frente para darse cuenta, pero parece que la obsesión partidista de muchos les redujo el tamaño del lóbulo frontal de sus cerebros), como efectivamente lo fue, y lo único que la hacía plausible era que podía darle más solidez al liderazgo de Capriles, lo que no ocurrió.

¿Por qué fue inútil? Qué más puedo decir, sino que seguimos siendo gobernados por Maduro, la mayoría de los diputados de la Asamblea Nacional siguen siendo oficialistas, los Magistrados del Tribunal Supremo de Justicia siguen siendo los chavistas de siempre, los Rectores del Consejo Nacional Electoral siguen siendo adeptos al régimen, la Fiscal General de la República, Contralor, Defensor del Pueblo, Procurador, y en fin, todo aquel alto funcionario con poder de decisión y de cambiar la situación institucional nacional sigue siendo chavista. El Estado aún está secuestrado. Unos pocos Alcaldes opositores, y más aún, sin recursos, así sean de las grandes capitales estadales, no cambiarán nada.

Por otra parte, a medida que pasó el tiempo desde que hice mi última publicación donde justifiqué esta táctica del plebiscito o “termómetro político” y se acercaron las elecciones, y mientras más lo analizaba, me di cuenta que de plausible no tiene nada realmente, sino que sólo representaba el egoísmo de los líderes políticos, y sus ansias de potenciar sus partidos y alianzas, no de ayudar al pueblo en sus necesidades y a los Municipios en sus carencias. Hacer más líder a Capriles y afianzar sus aspiraciones personalistas o las de los dirigentes de Primero Justicia, Voluntad Popular, Un Nuevo Tiempo o el que sea, no son nuestro objetivo como ciudadanía. Nuestro objetivo es salir de este gobierno dictatorial, por cualquier vía, a toda costa. Si esa salida es con Capriles como Presidente, perfecto. Y si la vía hacia la libertad es otra, pues que así sea. No podemos seguir meramente alimentando la maquinaria partidista en todos los venideros comicios para satisfacer las necesidades políticas básicas de unos grupitos, ya que si meramente esperamos las elecciones parlamentarias de 2015, y las presidenciales de 2019 y así sucesivamente, a pesar de que la masa de votos opositores crezca exponencialmente, el chavismo nos seguirá subyugando hasta el dos mil siempre.  Esa es la verdad.

Mis últimas esperanzas democráticas, o pseudodemocráticas mejor dicho -dado que esa arcaica y hedionda forma de gobierno inventada por los pitigriegos ya no tiene cabida en la Patria de Bolívar y Chávez, piensa para sí mismo, y lamentablemente materializa, un señor de bigote- las deposito en la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente (figura consagrada y regulada por los artículos 347 al 350 de la Constitución vigente), única vía que nos queda antes de acudir a lo que se sale de las fronteras del Derecho, para salir del régimen actual. En el eventual caso de que ella aprobara la nueva Constitución que de su seno surgiría, todas las ramas del Poder Público habrían de renovarse, y podríamos, tal vez, ¿por qué no?, despertar de esta pesadilla.

José Alberto Vargas La Roche.

2 comments:

  1. 1) El tono no ayuda a tu mensaje
    2) Criticas a los que votaron por la MUD. Criticas a los que votaron por el PSUV. No propones nada.

    Tu propuesta sobre una Asamblea Constituyente es, a lo sumo, válida, pero no aborda la elección que acaba de pasar.

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    1. ¿No propongo nada pero mi propuesta (subrayado) de una ANC es válida? ¿Y entonces Pedro?

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