Sunday, August 3, 2014

En defensa de Israel y en contra del nuevo antisemitismo.

Uno de los temas que más atención acapara en las últimas semanas es el nuevo capítulo del conflicto palestino-israelí que está en desarrollo. Mucho se ha escrito al respecto, y no pretendo justo ahora hacer un análisis general y profundo de este viejo conflicto en toda su dimensión, lo cual amerita un estudio histórico importante que escapa del objetivo de este artículo. Eso lo dejaremos para después, por ahora, tratemos de limitarnos a lo que está ocurriendo. Mi intención es aclarar una serie de aspectos que la mayoría de las personas en Venezuela y muchos otros países parecen tener confundidos. Como descendiente de judíos tengo el deber moral de hacerlo, y sobre todo, para honrar la verdad, que tanto ha sido manipulada en este tema.

La magnificación mediática que se hace a nivel internacional de las operaciones militares israelíes en la franja de Gaza, dándoseles mayor cobertura y un tratamiento mucho más crítico que a otros conflictos de igual o mayor gravedad, y realizándose juicios de valor negativos y anticipados sin contar con suficientes pruebas que permitan realizarlos, tiene la clara intención de brindar una mala imagen del Estado de Israel y su gente en general, más allá de las acciones específicas de su gobierno, por lo que ello no es otra cosa que una nueva manifestación de antisemitismo. Más sofisticada y menos directa que las de nazis, neo-nazis y supremacistas blancos, pero igual de lamentable que aquellas.

El antisemitismo ha existido desde la antigüedad, desde la primera vez en que potencias extranjeras entraron en contacto con las poblaciones tribales de antiguos hebreos asentadas en esa tierra que tantos nombres ha recibido: Canaán, Israel, Judea, y el lamentable y artificial nombre que los romanos le colocaron y que tantas confusiones ha generado: Palestina. Las razones del antisemitismo pueden ser muy variadas, dependiendo del lugar y del momento, pero yo me inclino a pensar que en términos generales este fenómeno se debe, al igual que cualquier otro tipo de intolerancia étnica y religiosa, al miedo a lo distinto, y específicamente en el caso de los judíos, al miedo de muchas culturas a sentirse inferiores a un pueblo que a pesar de no ser masivo, se caracteriza por su adaptabilidad, resiliencia, y por destacarse en todos los ámbitos en los que se desenvuelve, teniéndose a sí mismo como único parámetro de superación. Así entonces, las constantes críticas destructivas a Israel de medios de comunicación y de las personas que éstos convencen, son un modo de antisemitismo donde el odio a un pueblo se disfraza de odio a un Estado.

Más allá incluso de este antisemitismo, el empeño que específicamente el gobierno de Venezuela y sus seguidores -que se limitan a repetir lo que se les dice, sin conocer- le han dado a atacar verbalmente a Israel, halla sus razones en una mera estrategia de afianzamiento del resentimiento en la población patria, que pretende buscar en ese conflicto en lugares lejanos, simbolismos anti-norteamericanos (lo que equivale a anti-capitalismo y consecuentemente a anti-oposición venezolana) que les permitan crear símiles donde Israel representa al imperialismo occidental pitiyanqui que debe ser destruido, y Palestina representa a la pobre y golpeada Venezuela que eventualmente emergerá triunfante de la lucha contra el mal, imponiendo la revolución y el socialismo. Esta sucia estrategia de adoctrinamiento del gobierno no tiene otra consecuencia que el incremento y afianzamiento de la intolerancia hacia los judíos en buena parte de la población venezolana, independientemente de su postura política, que se hace eco de cualquier información, por tergiversada que esté, lo que ha llevado a que en los últimos años hayan ocurrido en nuestro país muchas y lamentables demostraciones públicas de antisemitismo¹.

Dentro de este marco de predisposición al odio visceral hacia el pueblo judío, muchos hechos son descontextualizados u omitidos. Quiero referirme a los más significativos de los que se relacionan con la situación en curso. En primer lugar, tenemos una confusión presente en la gente en relación con las partes del conflicto. Se tiende erradamente a creer que esto es un problema entre Israel y Palestina -bien la consideres a ésta como el parcialmente reconocido Estado de Palestina o como la población árabe palestina-, donde Israel arbitrariamente ataca a los civiles, siendo Palestina la pobre y mansa víctima y aquel, el agresor y monstruo. Eso es una total falacia; la realidad es que este es un conflicto específico entre Israel y Hamás.

Si no sabes qué es Hamás, te daré una breve sinopsis sobre su identidad, objetivos y acciones. Ésta es la organización que gobierna la Franja de Gaza, y que como su propia carta fundacional indica², pretende la implantación de un Estado musulmán que sustituya por completo a Israel, aspira la muerte de todo judío, considera una pérdida de tiempo, esfuerzo vano y además una contradicción a sus principios cualquier iniciativa, solución pacífica y conferencia internacional, tiene a la yihad (‘’guerra santa’’) como única forma de acción, considera que sólo bajo el dominio del islam puede prosperar la paz y la ‘’libertad’’ religiosa, y usa documentos falsos y claramente antisemitas (como los ‘’Protocolos de los sabios de Sión’’) como justificación para creer en la existencia de un plan de los judíos para dominar el mundo (Preámbulo y artículos 11, 7, 13, 31 y 32 de la carta fundacional de Hamás, respectivamente)³.

Para lograr sus objetivos, Hamás precisamente acude a los medios usuales de la yihad, siendo éstos: cometer atentados y agresiones contra el territorio y la población israelí y difundir un mensaje de odio y antisemitismo. Se trata pues, como resulta más que obvio, de un grupo terrorista -demostrado por sus actos y reconocido como tal por Estados Unidos 4, la Unión Europea y otros países-, islamista radical y de convicciones absurdas y hasta paranoicas.

Otro de los aspectos a los que me quiero referir es al ámbito espacial del conflicto. Muchas personas creen que éste se desarrolla únicamente en la Franja de Gaza, por los ataques aéreos y el posterior despliegue terrestre ejecutados por las fuerzas de defensa israelíes, pero ese no es el caso. Si bien es cierto que en territorio palestino es donde se desarrollan la mayor parte de los enfrentamientos armados, lo cierto es que el problema trasciende a Gaza y se incursiona en el territorio israelí, el cual es en su totalidad -dada su reducida extensión- escenario de ataques de Hamás con misiles 5, y, específicamente en las zonas adyacentes a la frontera con la Franja, de incursiones de esta banda de criminales en poblaciones israelíes a través de una red de túneles construida desde Gaza y con salidas en Israel6, con la intención de causar destrucción, secuestrar y asesinar a civiles; todo lo cual mantiene en constante tensión y peligro a la población israelí, judíos, musulmanes y cristianos por igual. Lo dijo el propio vocero de Hamás, Sami Abu Zuhri, ‘’todos los israelíes ahora se han convertido en blancos legítimos’’7.

Y esto me lleva a otro punto que quiero aclarar, que no es otro que las motivaciones de Israel para poner en marcha la ‘’operación margen protector’’, que son precisamente las de defender la integridad de su población y su infraestructura de los ataques de Hamás, ya que a pesar de que algunos digan que este grupo no tiene la capacidad de destruir Israel o que las armas con que bombardea su territorio son proyectiles caseros, éstas al fin y al cabo representan verdaderas preocupaciones para la seguridad nacional israelí, y más allá de que afortunadamente muy pocas vidas israelíes hayan sido cobradas por estos ataques gracias a la previsión defensiva del Estado reflejada en el famoso sistema anti-aéreo ‘’cúpula de hierro’’, Israel consideró oportuno detener de una vez por todas la oleada de ataques de misiles y desarticular el sistema de túneles militares de Hamás, lo que sólo puede llevarse a cabo efectivamente con la implementación de una operación como la que está en desarrollo.

Otra información cuya total alteración y abstracción de su contexto me tiene muy preocupado, teniendo en cuenta sobre todo su amplia difusión y aceptación entre la gente cegada por la ignorancia y el odio, es la supuesta matanza indiscriminada de la población civil de la Franja de Gaza por parte del ejército israelí, usando algunas osadas e irresponsables personas el término genocidio para referirse a ello. Esta concepción equivocada de la situación se debe en parte a la creencia, a la que ya me referí anteriormente, de que este es un conflicto entre Israel y Palestina, y no entre Israel y Hamás, como realmente lo es. No voy a negar que en Gaza están muriendo civiles, y muchos. Esa es una realidad ineludible y certificada en sus números por distintos organismos internacionales. Pero por lamentables que sean las muertes de personas inocentes, tampoco puedo aceptar que se pretenda achacar la responsabilidad de las muertes a una supuesta estrategia israelí de aniquilación deliberada y sistemática de la población palestina, como muchos afirman, porque sencillamente eso es falso.

Las bajas de civiles en el transcurso de este problema en Medio Oriente son consecuencias colaterales y no deseadas de la guerra. En los conflictos bélicos siempre mueren civiles, y hasta que no se desarrollen tecnologías lo suficientemente avanzadas como para evitar esa situación, esto seguirá ocurriendo; es algo desagradable, pero es la verdad. Y en un pedazo de tierra tan pequeño como el de Gaza, resulta aún más difícil que no mueran civiles en cantidades tristemente elevadas.

Más aún, esta lamentable circunstancia se puede ver considerablemente multiplicada si tenemos en cuenta las graves acusaciones existentes de que los milicianos terroristas de Hamás utilizan espacios residenciales y civiles para tratar de esconderse de los ataques israelíes y como depósitos de armas e insumos militares (esto último comprobado por la propia ONU, que hace unos días descubrió cohetes de Hamás escondidos en una de sus escuelas)8, exponiendo así a la población a un peligro tremendo con la intención de desalentar a las fuerzas de defensa israelíes de actuar. Esta infame práctica es conocida como el uso de escudos humanos, y está expresamente prohibida por el derecho internacional humanitario (artículos 28 del IV. Convenio de Ginebra relativo a la protección debida a las personas civiles en tiempo de guerra, de 1949, y 51 ordinal séptimo del Protocolo I adicional a los Convenios de Ginebra de 1949 relativo a la protección de las víctimas de los conflictos armados internacionales, de 1977)9.

Resulta entonces una acusación ignominiosa y una seria calumnia al Estado de Israel que se le acuse de cometer genocidio, teniendo en consideración que, si bien vidas humanas han sido cobradas por sus operaciones bélicas, estos actos son fatalidades no deseadas, que escapan del objetivo militar de desarticular el entramado de ataque de Hamás, y no son ‘’ (…) perpetrados con la intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal (…) ’’, lo que sería la condición esencial para que se les pudiera catalogar como genocidio, de conformidad con lo estipulado en el artículo 6 del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, que define ese crimen10.

Termino estas consideraciones haciendo un llamamiento a la gente, conocida y desconocida, a cesar la verborrea llena de odio contra Israel, excesiva y que conduce inevitablemente al antisemitismo, a que no se dejen llevar por la manipulación mediática de las tendenciosas cadenas informativas  y los gobiernos retrógrados de gran parte de Latinoamérica y el mundo islámico, y que critiquen constructivamente, no con la intención de destruir.

También manifiesto mi aspiración de que este largo conflicto palestino-israelí culmine de una vez por todas con una solución bi-estatal, en la que el Estado de Israel reconozca los territorios palestinos y el Estado de Palestina reconozca el derecho  a existir del Estado judío y sus correspondientes territorios; en la que Palestina acepte que los judíos que viven en asentamientos en sus territorios permanezcan allí en paz, siguiendo el ejemplo de Israel, que ha respetado los derechos de sus propios ciudadanos árabes;  donde ambos Estados realicen un esfuerzo mancomunado para la completa aniquilación de cualquier grupo terrorista y extremista de ambos lados, y no que las autoridades palestinas continúen aupando a los grupos armados islamistas como han venido haciendo hasta ahora; donde Jerusalén sea una ciudad de paz y de soberanía compartida, capital de ambos Estados y administrada por autoridades de las dos naciones; y donde se propenda a la desmilitarización definitiva de la región y a la construcción de la armonía en esa tierra de larga y gran historia.

José Alberto Vargas La Roche.











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